lunes, 9 de octubre de 2017


                                             LA MAGIA DE LA RADIO 


Ilustración 1 súper 45 RADIO: ESCUCHA UNA SELECCIÓN
 DE NUESTROS PODCASTS
Sintonizar una emisora es una de las acciones más cotidianas de nuestra vida, sumerge al receptor en un universo sonoro capaz de despertar un cúmulo de sensaciones y emociones
En la radio, al igual que en los otros medios, convergen en todas y cada una de las condiciones necesarias para hacer de la comunicación una realidad, entre otras cosas, tiene un lenguaje y un código específicos que utilizan los profesionales para construir toda esa amalgama de mensajes que llegan a nuestros oídos a través de los aparatos receptores.
Una buena vocalización y leer con naturalidad son imprescindibles para no caer en errores y sobre todo para que se comprenda bien el mensaje que se desea transmitir. El periodista debe controlar su voz: el timbre, la entonación, el acento, el tono o la velocidad que conforman el estilo del lenguaje en la radio.
Esta magia de la radio obedece a la especificidad de su lenguaje, pero también a las especiales relaciones que los oyentes entablan con unos sonidos que a menudo evocan amistad, confianza, familiaridad, confidencialidad y promueve la participación de los radioescuchas, para defender sus intereses, el derecho a la libertad de opinión y de expresión; éste incluye el derecho a mantener una opinión sin interferencias y a buscar, recibir y difundir información e ideas.

La capacidad de crear una programación que responde a las demandas e intereses de la comunidad es una de las fortalezas de los medios comunitarios.
Es muy importante, en el análisis de la sostenibilidad social, establecer la diferencia entre la popularidad y la incidencia, es decir la capacidad de contribuir en las transformaciones sociales.
El sonido no está en las cosas, la produce nuestro oído que es el verdadero artista de las melodías. Más que la vista, más que el tacto, el oído es el sentido de la intimidad. Hablar por radio es emocionar, es hablarle al oído del oyente entablando un tono de confianza, de un lenguaje coloquial afectivo. Esa misma confianza sirve para conversar sobre mil cosas para sacarlos de la rutina. Las personas conectan el radio para desconectarse de los problemas buscan las emisoras donde tenga una buena música o que les hagan reír donde cada palabra o canción hagan que los ojos de su interior a ése que llamamos imaginación. Los ojos de la cara pueden estar cerrados pero el tercero, el de la mente, sigue bien abierto y espera que los demás sentidos lo estimulen.
Hablar por radio es despertar nuevas ideas, estimular la criticidad, sentar juicios y sacudir prejuicios, la atracción puede darse con una noticia impactante. El oído desarrolla el pensamiento propio. Todo esto se puede y debe hacer en nuestros espacios informativos en las revistas, en toda la programación. El asunto es hacerlo con gracia, matrimoniando razón y corazón. Hacer radio es una pasión El periodista radiofónico debe ser consciente de la fugacidad del mensaje; el oyente no puede volver a escuchar lo que se está contando, no puede comprobar si ha entendido bien la información. Su única opción es escuchar el texto en el momento, en el orden, y con el ritmo que establece el locutor. Por tanto, escribir para la radio implica saber utilizar adecuadamente el principal instrumento del periodista, la palabra. 
La voz humana, la voz de la naturaleza, y la voz del corazón, con estas tres voces se preparan todos los platillos. Estos son los únicos ingredientes en la cocina radiofónica. La creatividad al combinar y recombinar estos tres elementos producirá los diferentes formatos.
Sin embargo, no hay programa de radio que no se enriquezca usando las tres voces de la radio. En un informativo, en una revista, en un reportaje y hasta en un spot, podemos echar mano de efectos, música y palabras para dinamizar el formato.
Veamos también estos dos elementos muy importantes para dinamizar el formato, el sonido y el silencio son interdependientes y participan de un mismo sistema semiótico: el lenguaje verbal. De manera tal que el silencio es forma no sonora y signo, se constituye en un fragmento insonoro, que transcurren en un tiempo, y que es valorable por su carácter significativo. En muchas ocasiones el silencio es ignorado por el productor del mensaje en sus estrategias comunicativas suponiendo que el receptor por hábitos culturales está condicionado a escuchar siempre sonidos, pero el silencio puede delimitar núcleos narrativos o sintagmáticos, o construir un movimiento afectivo.
¿Cómo hacemos para llegar a cada radioescucha? Algunos colegas, sea por complejo de superioridad o de inferioridad (que, en el fondo, es el mismo complejo), después de años de práctica, no llegan a descubrir el más elemental e indispensable secreto locutoril: la naturalidad.
Si buscamos una comunicación familiar, cotidiana, una relación entre emisor-receptor que sea democrática, todos esos fingimientos resultan ridículos. Nadie habla así en su casa ni en una rueda de amigos. Esos tonos engolados se usaron a inicios de la radiodifusión, pero hoy están mandados a guardar. Resultan obsoletos y antipáticos.
Y lo peor es que estas locutoras y locutores tan creídos de sus bellas voces, por andar ensimismados, como los adolescentes, preguntan poco, leen menos y, una vez frente al micrófono, no tienen nada original que decir. A falta de nueces, hacen ruido. Afectan la voz, imaginando que así despertarán la admiración de los oyentes.
Solemnidad fatua, acartonamientos innecesarios que no hacen otra cosa que ridiculizar al locutor. Cada uno tiene el timbre que tiene y todas las voces suenan bonitas si transmiten alegría, vibraciones positivas.
Tenlo por seguro: la primera profesionalidad de un locutor o una locutora consiste en la máxima naturalidad de su voz.
Se trata de alcanzar un tono coloquial, fresco. Poner la voz en mangas de camisa, como decía un amigo colombiano. Olvidar que tenemos un micrófono delante para que el oyente pueda olvidar que le están hablando a través de un micrófono. El mejor locutor es quien no lo parece.
Radio a la carta Igual que en el restaurante, usted escoge los programas de su preferencia viendo el menú y pautando su propia programación.

Éste es el primer desafío de una emisora con responsabilidad social: amplificar la voz de la ciudadanía y, de esta manera, legitimarla socialmente. Que la gente hable en nuestras radios, sea para protestar por un abuso o para pedir una canción romántica. Que participen en un debate sobre la clonación genética o en un concurso de chistes. Doblemente se gana: el locutor aprende a escuchar y el oyente a hablar. Nada nos humaniza más que el diálogo, la palabra


Conclusiones

Es clara la presencia de la radio como medio de comunicación por excelencia entre la población que hace llegar su propuesta o queja ante los demás y, especialmente antes las autoridades competentes. La palabra como recurso esencial de este medio hace que sea de fácil acceso y uso por parte de las personas y muchas veces de gran utilidad entre los pobladores ya que ellos logran obtener la solución de sus problemas como resultado del trabajo del medio al transferir la información recibida a las autoridades correspondientes.
La radio es una magia Pues a través de ella podemos transportarnos a diferentes escenarios descritos y muy bien dibujados gracias a la palabra hablada. La radio, dejó de tener relación con una voz engolada, que al final nada dicen, nada describen, porque quien habla puede estar carente de imaginación, y ésta, tiene que estar fusionada con la improvisación. Pero también la radio es pasión, pues ella nos da el pasaporte para sumergirnos en su infinito mundo, porque tiene la virtud de llegar donde los otros medios no llegan, desde la radio se puede hilvanar toda una exposición coherente, interesante y ¿por qué no? darle cabida, incluir al vuelo silencioso de un ave que surca el infinito azul; dentro de la radio todo tiene vida, una hoja que se haya caído del escritorio del locutor, ese hecho por muy irrelevante que parezca, tiene una connotación, porque se le cayó a un ser humano que en ese momento se dirigía a una masa atenta, así somo los seres humanos, imprevisibles y la radio para que sea radio debe ser hecha por seres humanos, no por maquinas.

1 comentario:

  1. Rocío,
    Es periférico.
    Casi no te ubicas con argumentos o planteamientos propios.

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