LA MAGIA DE LA RADIO
![]() |
Ilustración 1 súper 45 RADIO: ESCUCHA UNA SELECCIÓN
DE
NUESTROS PODCASTS
|
Sintonizar una emisora es una de las acciones más
cotidianas de nuestra vida, sumerge al receptor en un universo sonoro capaz de
despertar un cúmulo de sensaciones y emociones
En la radio, al igual que en los otros medios,
convergen en todas y cada una de las condiciones necesarias para hacer de la comunicación
una realidad, entre otras cosas, tiene un lenguaje y un código específicos que
utilizan los profesionales para construir toda esa amalgama de mensajes que
llegan a nuestros oídos a través de los aparatos receptores.
Una buena vocalización y leer con naturalidad son
imprescindibles para no caer en errores y sobre todo para que se comprenda bien
el mensaje que se desea transmitir. El periodista debe controlar su voz: el
timbre, la entonación, el acento, el tono o la velocidad que conforman el
estilo del lenguaje en la radio.
Esta magia de la radio obedece a la especificidad de
su lenguaje, pero también a las especiales relaciones que los oyentes entablan
con unos sonidos que a menudo evocan amistad, confianza, familiaridad,
confidencialidad y promueve la participación de los radioescuchas, para
defender sus intereses, el derecho a la libertad
de opinión y de expresión; éste incluye el derecho a mantener una opinión
sin interferencias y a buscar, recibir y difundir información e ideas.
La
capacidad de crear una programación que responde a las demandas e intereses de
la comunidad es una de las fortalezas de los medios comunitarios.
Es
muy importante, en el análisis de la sostenibilidad social, establecer la
diferencia entre la popularidad y la incidencia, es decir la capacidad de
contribuir en las transformaciones sociales.
El
sonido no está en las cosas, la produce nuestro oído que es el verdadero
artista de las melodías. Más que la vista, más que el tacto, el
oído es el sentido de la intimidad. Hablar por radio es emocionar, es hablarle
al oído del oyente entablando un tono de confianza, de un lenguaje coloquial
afectivo. Esa misma confianza sirve para conversar sobre mil cosas para
sacarlos de la rutina. Las personas conectan el radio para desconectarse de los
problemas buscan las emisoras donde tenga una buena música o que les hagan reír
donde cada palabra o canción hagan que los ojos de su interior a ése que
llamamos imaginación. Los ojos de la
cara pueden estar cerrados pero el tercero, el de la mente, sigue bien abierto
y espera que los demás sentidos lo estimulen.
Hablar
por radio es despertar nuevas ideas, estimular la criticidad, sentar juicios y
sacudir prejuicios, la atracción puede darse con una noticia impactante. El
oído desarrolla el pensamiento propio. Todo esto se puede y debe hacer en
nuestros espacios informativos en las revistas, en toda la programación. El
asunto es hacerlo con gracia, matrimoniando razón y corazón. Hacer radio es una
pasión El periodista radiofónico debe ser consciente de la fugacidad del
mensaje; el oyente no puede volver a escuchar lo que se está contando, no
puede comprobar si ha entendido bien la información. Su única opción es
escuchar el texto en el momento, en el orden, y con el ritmo que establece el
locutor. Por tanto, escribir para la radio implica saber utilizar adecuadamente
el principal instrumento del periodista, la palabra.
La voz humana, la voz de la naturaleza, y la
voz del corazón, con estas tres voces se preparan todos los platillos. Estos
son los únicos ingredientes en la cocina radiofónica. La creatividad al
combinar y recombinar estos tres elementos producirá los diferentes formatos.
Sin embargo, no hay programa de radio que no se enriquezca
usando las tres voces de la radio. En un informativo, en una revista, en un
reportaje y hasta en un spot, podemos echar mano de efectos, música y palabras
para dinamizar el formato.
Veamos también estos dos elementos muy
importantes para dinamizar el formato, el sonido y el silencio son
interdependientes y participan de un mismo sistema semiótico: el lenguaje verbal.
De manera tal que el silencio es forma no sonora y signo, se constituye en un
fragmento insonoro, que transcurren en un tiempo, y que es valorable por su
carácter significativo. En muchas ocasiones el silencio es ignorado por el
productor del mensaje en sus estrategias comunicativas suponiendo que el
receptor por hábitos culturales está condicionado a escuchar siempre sonidos, pero el silencio puede delimitar núcleos narrativos o sintagmáticos, o construir un movimiento
afectivo.
¿Cómo hacemos para llegar a cada radioescucha? Algunos
colegas, sea por complejo de superioridad o de inferioridad (que, en el fondo,
es el mismo complejo), después de años de práctica, no llegan a descubrir el
más elemental e indispensable secreto locutoril: la naturalidad.
Si buscamos una comunicación familiar, cotidiana, una
relación entre emisor-receptor que sea democrática, todos esos fingimientos
resultan ridículos. Nadie habla así en su casa ni en una rueda de amigos. Esos
tonos engolados se usaron a inicios de la radiodifusión, pero hoy están
mandados a guardar. Resultan obsoletos y antipáticos.
Y lo peor es que
estas locutoras y locutores tan creídos de sus bellas voces, por andar
ensimismados, como los adolescentes, preguntan poco, leen menos y, una vez
frente al micrófono, no tienen nada original que decir. A falta de nueces,
hacen ruido. Afectan la voz, imaginando que así despertarán la admiración de
los oyentes.
Solemnidad fatua,
acartonamientos innecesarios que no hacen otra cosa que ridiculizar al locutor.
Cada uno tiene el timbre que tiene y todas las voces suenan bonitas si
transmiten alegría, vibraciones positivas.
Tenlo por seguro:
la primera profesionalidad de un locutor o una locutora consiste en la máxima
naturalidad de su voz.
Se trata de
alcanzar un tono coloquial, fresco. Poner la voz en mangas de camisa, como
decía un amigo colombiano. Olvidar que tenemos un micrófono delante para que el
oyente pueda olvidar que le están hablando a través de un micrófono. El mejor
locutor es quien no lo parece.
Radio
a la carta Igual que en el restaurante, usted escoge los programas de su
preferencia viendo el menú y pautando su propia programación.
Éste es el primer desafío de una emisora con
responsabilidad social: amplificar la voz de la ciudadanía y, de esta manera,
legitimarla socialmente. Que la gente hable en nuestras radios, sea para protestar
por un abuso o para pedir una canción romántica. Que participen en un debate
sobre la clonación genética o en un concurso de chistes. Doblemente se gana: el
locutor aprende a escuchar y el oyente a hablar. Nada nos humaniza más que el
diálogo, la palabra
Conclusiones
Es
clara la presencia de la radio como medio de comunicación por excelencia entre
la población que hace llegar su propuesta o queja ante los demás y,
especialmente antes las autoridades competentes. La palabra como recurso
esencial de este medio hace que sea de fácil acceso y uso por parte de las
personas y muchas veces de gran utilidad entre los pobladores ya que ellos
logran obtener la solución de sus problemas como resultado del trabajo del
medio al transferir la información recibida a las autoridades correspondientes.
La radio es una magia Pues a través de ella podemos
transportarnos a diferentes escenarios descritos y muy bien dibujados gracias a
la palabra hablada. La radio, dejó de tener relación con una voz engolada, que
al final nada dicen, nada describen, porque quien habla puede estar carente de
imaginación, y ésta, tiene que estar fusionada con la improvisación. Pero
también la radio es pasión, pues ella nos da el pasaporte para sumergirnos en
su infinito mundo, porque tiene la virtud de llegar donde los otros medios no llegan,
desde la radio se puede hilvanar toda una exposición coherente, interesante y
¿por qué no? darle cabida, incluir al vuelo silencioso de un ave que surca el
infinito azul; dentro de la radio todo tiene vida, una hoja que se haya caído
del escritorio del locutor, ese hecho por muy irrelevante que parezca, tiene
una connotación, porque se le cayó a un ser humano que en ese momento se
dirigía a una masa atenta, así somo los seres humanos, imprevisibles y la radio
para que sea radio debe ser hecha por seres humanos, no por maquinas.

Rocío,
ResponderEliminarEs periférico.
Casi no te ubicas con argumentos o planteamientos propios.